Moniciones para la Misa
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Septiembre del 2006


Moniciones para el XXVI Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Tiempo Ordinario

 

Vigésimo  Sexto Domingo – Ciclo B

1 de octubre de 2006

 

Monición de entrada

 

 

Hermanos y hermanas, muy buenos días (tardes, noches).  Durante este tiempo de crecimiento en el conocimiento, el amor y el servicio a Dios y a nuestros hermanos, se nos invita a examinar las motivaciones que influencian nuestras vidas.  La salvación viene de Dios, no de nosotros.  El Espíritu del Dios vivo no se puede limitar a esfuerzos humanos.  Él trabaja dónde y cuándo quiere.  Es tarea nuestra discernir, a través de la oración, qué quiere Él de nosotros.  Nos ponemos de pie para recibir a los ministros de esta Misa.

 

Primera lectura: Núm 11, 25-29 (Ojalá todo el pueblo fuera profeta)

 

La primera lectura narra la instalación de los setenta ancianos, los ayudantes de Moisés.  Ellos recibieron el Espíritu de Dios y profetizaron.  Otros dos que no eran parte del grupo recibieron también el mismo don del Espíritu.  Pongan atención a la generosa actitud de Moisés que deseaba ver distribuido el don del Espíritu en todos.  Escuchemos.

Segunda lectura: Sant 5, 1-6 (Su riqueza está corrompida)

 

Uno de los más fuertes y duros pasajes de toda la Biblia contra los ricos de este mundo lo encontramos en esta carta del Apóstol Santiago.   El está contra el abuso del poder y de la riqueza. Las riquezas, si se guardan o se acumulan por propósitos egoístas corrompen la vida del Espíritu.  Presten mucha atención a este mensaje de Dios para nosotros

 

Tercera lectura: Mc 9, 37-42.44.46-47 (El que no está contra nosotros, está a favor nuestro)

 

Hemos visto en las lecturas anteriores que el Espíritu  de Dios trabaja donde quiera.  Jesús decía a sus discípulos que hay otras maneras de estar a su favor y deben ser respetadas.  El que no está contra Jesús está a su favor.  También Cristo invitaba a evitar el escándalo: el ajeno y el propio. “¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta!”.  Puestos de pie entonemos el Aleluya.

 

Oración Universal

A cada petición respondan, por favor: “Te glorificamos por siempre, Señor

 

1.    Por la Iglesia de Dios: para que anuncie sin cesar el Evangelio de salvación a los hombres y sea congregada en la unidad. Roguemos al Señor.

 

2.    Por los pueblos del mundo: para que disfruten de paz y aumenten los lazos de unión y concordia. Roguemos al Señor.

 

3.    Por los más pobres y más necesitados: para que descubran que la Buena Nueva de Cristo va dirigida especialmente a ellos, y la acepten con alegría de corazón. Roguemos al Señor.

 

4.   Por cada uno de nosotros y nuestras intenciones: para que estemos siempre abiertos a la inspiración del Espíritu Santo y para que sepamos ser servidores de los demás y consigamos un corazón humilde y sencillo. Roguemos al Señor.

 

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 382)

 

Hoy te bendecimos alegres, Padre de todos los hombres,

porque tú no eres monopolio ni posesión privada de nadie.

Por la actitud abierta y tolerante de Jesús entendemos

que todo el que está por la verdad, la justicia, el bien y la paz

está a favor nuestro, está por Cristo, su evangelio y su causa.

 

Líbranos, Señor, de todo sectarismo, intransigencia, desamor

y mezquina estrechez de espíritu frente a nuestros hermanos;

y haz de nuestro grupo una comunidad de puertas abiertas

a todos cuantos te buscan con honradez, lealtad y ánimo sincero.

Convierte nuestro corazón a un amor que no discrimina a nadie,

para compartir tu palabra y tu pan con todos los hombres.

 

Amén.

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Publicado por monicion el 25 de Septiembre, 2006, 0:21 Comentarios 30 | Comentar | Referencias (0)

Homilía para el XXV Domingo del Tiempo Ordinario ciclo B

EN CAMINO

Tempo Ordinario, ciclo “B”

 

1 de octubre de 2006, Vigésimo Sexto Domingo

 

Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR.                                 Fuente: www.scalando.com

 

1ra lect.: Nm 11,25-29   Sal18    2da lect.: St 5,1-6     Evangelio:   Mc 9,38-43.45.47-48

 

 

¿Propiedad Privada?

 

En el ser humano está la tendencia de apropiarse de las cosas: tierras, playas, mares, ríos, minas, y todo lo que produce riqueza, inclusive de las mismas personas
y sociedades. Al lado del apetito de apropiarse de las personas y de las cosas, surgen el deseo de aparecer como absolutos y el afán de reconocimiento.

 

Para lograr la satisfacción de este bajo instinto se ha utilizado la fuerza, muchas veces acompañada de armas.  Para fundamentarlo ideológicamente se ha echado mano de de la filosofía, de la política, de la religión o de lo que esté de moda. Cuando en Occidente la religión era decisiva en la estructura de los estados, se utilizó para fundamentar la barbarie. Se decía que se debía someter a los infieles con el fin de salvarlos porque fuera de la Iglesia no había salvación; y como según los fundamentos religiosos, sin el bautismo no se era hijo de Dios, entonces muchos no veían problema en matarlos. Hasta se jugaba a matar indios para probar el tiro al blanco.

 

En nuestra época postmoderna no se habla en nombre de Dios, sino que se utilizan muchos sofismas de distracción. Hoy se despoja, se invade y se mata en nombre de la democracia, de la seguridad nacional, o con el cuento de combatir el terrorismo.

 

Josué y Juan son versiones antiguas de un fenómeno que se dio y se sigue dando en muchos contextos. Con muchos nombres y muchos argumentos pero, en últimas, con un mismo trasfondo: un fundamentalismo fanático animado por anhelos de apropiación.

 

Suelen decir que: “Sin ese personaje se vendría abajo el país”, “sin ese gerente la cooperativa entraría en quiebra”, “sin ese caudillo la revolución se acabaría”…  En la parte religiosa no es raro escuchar el reclamo de quienes dicen ser “los legítimos pastores” que defienden el “derecho de Dios” sobre los seres humanos. Dicen vivir en este mundo sin ser del mundo, representar la voz de Dios para los mortales y ser un puente entre lo humano y lo divino. Quien quiera hacer parte de ese grupo selecto de preferidos de Dios y de la virgen María, deberá pasar por pruebas rigurosas en las cuales se evaluará de manera especial la aceptación incondicional de todos los dogmas habidos y por haber, y la obediencia a las sagradas reglas, inspiradas por el Espíritu Santo. 

 

Vamos a los textos: En el caso de Josué se trata de un relato elaborado teniendo en cuenta la experiencia del Éxodo. Moisés es presentado como el prototipo del líder que no acapara para sí todos los cargos. Dios le pide que delegue el ministerio del liderazgo a otros setenta ancianos para que lo ayuden. Aquí no se trataba de tener mando sino de concientizar al pueblo para que continúe en camino hacia la tierra prometida, pues a esta altura (capitulo 11 de libro de los números), el pueblo añoraba la comida abundante de Egipto, sin importarle la esclavitud a la que fue sometido. En estos casos el estómago no es un buen consejero.

 

Estaban aburridos de comer ese insípido maná y querían volver a sentarse alrededor de las ollas de comida. Al frente solo veían un inmenso y amenazante desierto que no les prometía nada bueno. Moisés no podía sólo con ese pueblo. Necesitaba personas que profetizaran, es decir que denunciaran esos bajos instintos de cobardía, pereza, falta de fe y de confianza en Dios. Que anunciaran la gran posibilidad de cambiar la historia, que más allá del horizonte los esperaba una tierra que trabajada de manera organizada manaría leche y miel. Tarea difícil para una sola persona.

 

Convocaron a los  setenta ancianos al tabernáculo para recibir el espíritu. Y recibieron todos el espíritu. Pero sucedió que a dos personajes, Eldad y Medad, que no habían acudido al sitio indicado para la fiesta del “reparto del espíritu”, se les posó igualmente el espíritu. Aquella vez fue Josué, quien le pidió a Moisés que no permitiera que estos dos personajes continuaran profetizando porque no habían acudido al tabernáculo.

 

Con Jesús sucedió algo parecido: Él no era un maestro legítimo. Los “legítimos pastores” del pueblo de Israel se opusieron totalmente a su ministerio. Muchas veces lo cuestionaron por su procedencia, porque era hijo de un carpintero o porque conocían a su mamá y a sus hermanos; porque no era egresado de una gran escuela o porque, según ellos, actuaba en nombre de Belcebú, el príncipe de los demonios. A cada momento buscaban su caída para desprestigiarlo. Finalmente, lo procesaron, lo condenaron a muerte y lo asesinaron en el madero de la cruz, para librarse de ese “pastor ilegítimo”, de ese “falso profeta” que contaminaba el mundo y amenazaba la sagrada estructura religiosa con su “falsa doctrina”.

 

En las comunidades cristianas no faltó quién quiso adueñarse del proyecto de Jesús y reclamar “derechos de autor” sobre algo que le pertenecía a toda la humanidad y a nadie en particular. El evangelio de hoy nos dice que fue Juan quien dijo: “Maestro, vimos a uno expulsando demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no es de nuestro grupo.”

 

Josué y Juan están en la misma posición fundamentalista, exclusivista y fanática. Para Josué, Eldad y Medad no debían ser profetas porque no habían acudido al tabernáculo. Para Juan, el hombre que expulsaba demonios en el nombre de Jesús no debía hacerlo porque no era de su grupo.

 

“Tienes demasiado celo por mí. ¡Ojalá les diera el Señor a todos su espíritu y todos en el pueblo del Señor fueran profetas!” le respondió Moisés a Josué. “¡No se lo prohíban! Porque uno que hace un milagro usando mi nombre no puede a continuación hablar mal de mí. Quien no está contra nosotros, está a favor nuestro”, les dijo Jesús a Juan y a sus discípulos.

 

Esos son los verdaderos líderes. No los que acaparan, sino los que saben delegar. No los que temen perder el poder, sino los que saben reconocer que llega la hora de ser relevados. No los que se ponen como el centro del pueblo, sino los que saben que son uno más dentro del proceso. No los que se creen absolutamente necesarios e indispensables, sino los que, comprendiendo su limitación, dan lo mejor de sí para realizar a cabalidad la historia de salvación.

 

Aquí los cristianos y más los católicos, tenemos que reconocer los errores en los que hemos caído debido a exclusivismos fanáticos. Aquellos tiempos penosos de las cruzadas, de la conquista, de la colonización y de la “santa” inquisición, justificadas ideológicamente con la religión. Hace unos años Juan Pablo II pidió perdón por todos esos pecados de la Iglesia. ¡Qué bueno! Estamos reconociendo que nos equivocamos muchas veces como institución. Que no somos infalibles.

 

Pero después del Concilio Vaticano II y del “me a culpa” de Juan Pablo II, se siguen viendo actitudes como las de Josué y de Juan, cuando se dice que la única Iglesia de Cristo es la nuestra y que las otras tienen tan sólo algunos elementos eclesiales, mas no son Iglesia. Que las demás religiones no tienen fe sino sólo algunas creencias, y que tienen participación de una verdad que es nuestra, de la única revelación válida, la nuestra, cuyos representantes auténticos somos nosotros.

 

Aunque tal vez con la buena intención de defender la fe y con un sentido de responsabilidad, seguimos viendo esas actitudes fanáticas cuando se persigue a los profetas que buscan la renovación teológica (G. Gutiérrez, L. Boff, I. Ellacuría, H. Küng, B. Häring, M. Vidal, E. Drewerman, J. Tamayo, entre otros). Aún después del Concilio (L.G.37) se sigue viendo esa separación tan marcada y exclusivista entre clérigos y laicos. La llamada Iglesia docente (que enseña) e Iglesia discente (que aprende). Y ni hablar de la participación de la mujer, mientras se siga pensando que darle participación es lavar los purificadores, vender la rifa y recoger la ofrenda, pero no se piensa en “permitirle” servir en el campo de la dirección, el magisterio y otros ministerios como el presbiterado, el diaconado y ¿por qué no?, el episcopado. Nunca cambiará ésto mientras sigamos viendo los ministerios en la Iglesia como poder y no como servicio. Nunca cambiará esto mientras sigamos creyéndonos poseedores de la verdad.

 

Este evangelio tiene que impulsarnos a dejar el miedo a perder el poder; a abandonar todo intento por adueñarnos del hermoso camino de Jesús. El Señor da su Espíritu a todo aquel que lo busca con sincero corazón. “Lo que en realidad importa no son tanto las Iglesias sino el fenómeno cristiano y su función benéfica en la espiritualidad de los seres humanos. Todas las Iglesias son de Cristo, pero Cristo es para los humanos y los humanos son para los otros humanos, hombres y mujeres, y todos somos para Dios” (L.B.).

 

Lo que tenemos que cortar y excluir no es a los seres humanos que piensan diferente y hacen el bien desde otro ángulo. Lo que tenemos que cortar es todo aquello que nos conduce a la muerte: el escándalo de una vida injusta y la acumulación de riquezas a expensas de la explotación del pobre. El lujo, la satisfacción desmedida de necesidades creadas, con el fruto de la trampa, la codicia, del no pago o del pago miserable a los empleados, la condena y el asesinato del inocente (2 lect.)

 

Que la gracia de Jesús nos ayude a encontrar caminos para una integración verdadera como Iglesia, como Iglesias, como creyentes y como humanos en general.

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Preguntas y comentarios a Neptalí Díaz Villán CSsR. (neptalidv@yahoo.com)

 

*     Moniciones y oraciones de los fieles

*       Una meditación para cada día del mes http://www.scalando.com/meditaciones.htm

*       Moniciones para la Misa diaria: http://www.scalando.com/moniciones/diarias/index.htm  con la firme determinación de te guste este servicio, el cual entregamos en tu computadora

*       Noticias de los Misioneros Redentoristas: www.scalando.com/noticias.htm

*       Moniciones para el domingo 1 de octubre de 2006.

*       Grupos de interés: http://www.egrupos.net/grupo/scalando; http://www.egrupos.net/grupo/moniciones; http://blogs.vivito.net/blog/scalando463

Publicado por monicion el 25 de Septiembre, 2006, 0:08 Comentarios 47 | Comentar | Referencias (0)

Homilía para el XXV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B

EN CAMINO

Tempo Ordinario, ciclo “B”

 

24 de septiembre de 2006, Vigésimo Quinto Domingo

 

Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR.                                 Fuente: www.scalando.com

 

1ra lect.: Sab 2, 12.17-20      Sal 53 (54)    2da lect.: St 3, 16–4, 3        Evangelio:  Mc 9, 30-37

 

SERVIR

El conocimiento no es algo que se aprende de una vez y para siempre. El ser humano va cambiando con el mundo en continua evolución. Nunca terminamos de aprender. Hace ya varios años se está hablando en las universidades, de la formación permanente. Un profesional que se gradúe hoy y no se actualice, dentro de 10 años será un tegua. En las universidades se han multiplicado las especializaciones, maestrías, doctorados y post-doctorados, cursos intensivos, diplomados, etc. En la Internet encontramos charlas, conferencias, simposios o reuniones virtuales y toda una gama de posibilidades, con las que se puede aprender, preguntar, opinar, concordar o discordar. Buenas posibilidades para la formación permanente. 

 

En el evangelio que hoy leemos, encontramos una vez más a Jesús enseñando mientras camina. Era la formación permanente de Jesús con sus discípulos. No todo podía ser trabajo: el trabajo dignifica al ser humano, pero el trabajo excesivo lo descontextualiza, lo ciega, lo embrutece, lo convierte en una máquina que produce resultados y que un día se acaba y se bota.

 

Dice el texto que Jesús empezó a recorrer Galilea pero no quería que se supiera porque estaba instruyendo a sus discípulos. El sofisma de trabajar, trabajar y trabajar, en últimas lo que produce es una fatiga que nos incapacita no sólo para ser efectivos en el trabajo sino también para vivir bien. Necesitamos dejar espacios para reflexionar, para analizar lo vivido, para conocer otras experiencias, es decir, para la formación permanente y no sólo en campo estrictamente laboral y profesional. También para los amigos, la familia, la fe, el deporte, el arte, la música, la poesía y todo aquello que nos hace más humanos y felices.

 

En cuanto al mensaje propio de la enseñanza de Jesús a sus discípulos, descubrimos que hablaban en un lenguaje distinto. Él les mostraba las dificultades que tendrían por asumir su compromiso, como persecuciones, maltratos, e incluso la muerte. Ellos andaban en un mundo idílico, a la espera de que el Mesías diera el zarpazo final y se tomara el poder con signos portentosos, para ver qué puesto les tocaba. Y desde ya, se disputaban quién de ellos sería el más importante dentro de ese reino imaginario. Mientras Jesús con su vida sencilla y servicial, les mostraba otra manera de ser hombres: cordiales, entrañables, fraternos y solidarios con los demás seres humanos, ellos esperaban que se volteara la torta para dejar de ser los pobres pescadores y convertirse en los ministros principales del nuevo rey de Israel, con posibilidades de mando. “Una cosa piensa burro y otra quien lo está enjalmando”.

 

Jesús pensaba en todo el pueblo, ellos pensaban en ellos mismos. Dejaron que su corazón se llenara de ambición. Éste es uno de los males que más afecta a la humanidad. Esa realidad estaba también presente en las comunidades a las que escribió Santiago (2da lect). Como por lo general valoramos, respetamos y queremos más a quienes tienen poder, dinero, fama e influencias, entonces adquirirlos se convierte en un ideal de vida ambicionado por todos.

 

Los robos, los asesinatos, y la destrucción de la vida de tantas personas llevan por lo general alguna ambición de quienes son el origen de tantos males causados a la humanidad para agrandar su poder. Quieren tener más capacidad económica, ser más fuertes y asegurarse la vida, quieren ser más importantes, más respetados y más amados. Y cuando conseguir eso se convierte en un fin último, entonces todo aquello que se interponga en el camino deberá ser eliminado, incluso las personas.

 

Tanto la carta de Santiago como el evangelio, invitaban a sus destinatarios y hoy a nosotros, a ver lo peligroso que es dejarnos invadir por la ambición, la codicia de dinero, prestigio y poder. Podemos entrar a un callejón sin retorno si nos dejamos cegar por ellos y no fijamos nuestra mirada en Jesús cuyos móviles estuvieron siempre animados por un interés de servicio.

 

Por eso Él fue muy claro con sus discípulos: “Quien quiera ser el primero, deberá ser el último de todos y el servidor de todos.” ¡Claro que toda obra necesita líderes para organizar y sacar adelante los procesos![1] Mas la autoridad del cristiano no debe estar impulsada por la voluntad de poder, sino por la voluntad de servicio.

 

Federico Niezsche criticó fuertemente lo que él llamó “el hombre camello”, que vive sometido en un sistema que lo explota y no le permite pensar en sí mismo como individuo y como sujeto de la historia; en cambio propuso la “voluntad de poder” para llegar al “superhombre”. Una crítica que sigue siendo válida cuando vamos por la vida sin pensar en nuestro ser y quehacer como seres humanos, y nos dejamos subyugar por tantos sistemas de esclavitud que cada día aparecen. Pero orientar nuestra vida por la “voluntad de poder” para alcanzar al superhombre… ¡dudo mucho que resulte! Tendríamos primero que analizar muy bien a los hombres que organizaron su vida con la voluntad de poder.

 

Voluntad de poder la de Adolfo Hitler, cuyo cuadro de Niezsche tenía en su despacho como un idolillo. Voluntad de poder la de Benito Mosolini en Italia, Mobutu Sese Seko en el antiguo Zaire, Videla en Argentina, Franco en España, João Baptista en Brasil y Alfredo Stroessner en Paraguay. Voluntad de poder la de los grupos guerrilleros y paramilitares colombianos, y la de los políticos y empresarios que los apoyan.

 

Hace unos días recordamos aquel 11S de 2001 cuando chocaron dos voluntades de poder: la de los talibanes y la del imperio norteamericano. Eso nos hizo recordar a otro personaje con mucha voluntad de poder: Augusto Pinochet, en Chile, quien en otro 11S pero de 1973, encabezó el golpe de estado contra el gobierno de Salvador Allende con el apoyo económico y logístico de la CIA, durante el gobierno republicano de R. Nixon y H. Kissinger.

 

Voluntad de poder la de Goerge Bush y su poderoso ejército genocida que ha llenado de miseria la vida de mucha gente con la llamada “lucha contra el terrorismo”; sofisma de distracción para afianzar más la dominación y el imperialismo salvaje. Voluntad de poder la de Fidel Castro y Hugo Chávez, quienes en nombre de la revolución combaten y aplastan todo tipo de oposición tildándola de imperialista y enemiga del pueblo.

 

Voluntad de poder la de tantos pseudopolíticos de nuestros pueblos, que aprovechan su rol para los mezquinos intereses. Tenemos que reconocer que muchos hombres “de Iglesia” y en nombre de Cristo, saquearon, aplastaron, explotaron y mataron grupos, comunidades y hasta pueblos enteros supuestamente para defender la fe, mas en el fondo estaban dominados por la voluntad de poder.

 

Después de este corto vistazo, vale la pena preguntarnos si estamos conducidos por la voluntad de poder o por la voluntad de servicio. Es legítimo, bueno y necesario que cada persona busque su propio bienestar, su estabilidad económica y social, pero sin pasar por encima de los demás.

 

¿Estamos acaso atrapados en un afán de lucro y competitividad, en la búsqueda del éxito y de los primeros puestos a cualquier precio? ¿Cómo somos con las personas que están a nuestro cargo? Si tenemos empleados, ¿cómo los tratamos? ¿En nuestras relaciones interpersonales y en los diálogos, buscamos concertar o buscamos siempre imponer nuestro pensamiento, nuestra ideología y nuestra voluntad? ¿Si tuviéramos hoy la capacidad de mando sobre todo un pueblo estamos seguros de que no actuaríamos de la misma manera como lo hacen aquellas personas que tanto criticamos?

 

Como en la primera lectura (Sab 2, 12.17-20), ¿nos resultan incómodas las personas justas, honestas y leales? ¿Nosotros como personas y como Iglesia molestamos con nuestro testimonio a los poderosos e injustos, que dominados por la voluntad de poder aplastan a los demás? o ¿vivimos camaleónicamente para no meternos en problemas en medio de la injusticia? ¿Acaso en nuestro mundo no hay injusticia? o ¿hay injusticia pero no hay profetas?

 

¿El testimonio y la propuesta de Jesús nos anima o nos incomoda? ¿Estamos dispuestos a aprender de la sencillez y la espontaneidad de los niños? ¿Estamos dispuestos a valorar a los pequeños de este mundo[2] y a recibirlos con el convencimiento de que ahí, y de manera especial ahí, en los pequeños, está la presencia de Dios?: “El que reciba a un niño como este por amor a mí, me recibe a mí. Y el que me recibe a mí, no me recibe a mí sino al que me envió.”

Preguntas y comentarios a Neptalí Díaz Villán CSsR. (neptalidv@yahoo.com)

 

Moniciones y oraciones de los fieles

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Una meditación para cada día del mes http://www.scalando.com/meditaciones.htm

Moniciones para la Misa diaria: http://www.scalando.com/moniciones/diarias/index.htm  con la firme determinación de te guste este servicio, el cual entregamos en tu computadora

Noticias de los Misioneros Redentoristas: www.scalando.com/noticias.htm

Moniciones para el domingo 24 de septiembre de 2006.

Grupos de interés: http://www.egrupos.net/grupo/scalando; http://www.egrupos.net/grupo/moniciones; http://blogs.vivito.net/blog/scalando463



[1] La anarquía es contraria al evangelio, por eso escribió Santiago (2da lect): “donde hay envidia y rivalidad, hay anarquía y toda clase de obras malas”.

[2] Cuando en el evangelio se habla de niños, se entiende por extensión, también de los pequeños, aquellos que el mundo no tiene en cuenta: los pobres, los marginados, los enfermos, los desposeídos, los esclavos y tantas personas a quienes normalmente ignoramos por mirar más a los “grandes”.

Publicado por monicion el 19 de Septiembre, 2006, 0:48 Comentarios 41 | Comentar | Referencias (0)

Moniciones para el XXIV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Tiempo Ordinario

 

Vigésimo  Quinto Domingo – Ciclo B

24 de septiembre de 2006

 

Monición de entrada

 

Hermanos y hermanas en Cristo, ser un buen cristiano no es fácil.  Una persona justa es siempre un silencioso reproche de aquellos que no lo son.  También vivir según Dios es morir, pero la muerte del cristiano es nacer a una vida sin término, es resucitar.  Tomemos fuerza en esta Eucaristía para seguir a Cristo.  Puestos de pie empecemos nuestra celebración.

 

Primera lectura: Sab 2, 17-20 (Lo condenamos a muerte ignominiosa)

 

El autor del libro de la Sabiduría nos reproduce los sentimientos y actitudes de los impíos frente a los justos y su forma de actuar.  Los que tienen el conocimiento de Dios y su conducta sin reproche, muchas veces sufren.  Esta lectura nos describe la pasión de Cristo.  Pónganle  atención.

Segunda lectura: Sant 3, 16-4,3 (Los que procuran la paz están sembrando la paz)

 

En toda comunidad hay luchas y tensiones.  Santiago nos dice que las envidias, el desorden y las peleas son frutos de la falsa sabiduría.  El cristiano verdadero, con la gracia de Dios, practica las buenas obras, en especial la paz, la justicia, la reconciliación y al misericordia.

 

Tercera lectura: Mc 9, 29-36 (Quien quiera ser el primero, sea servidor de todos)

 

Marcos nos ofrece el segundo anuncio de la pasión de Cristo, pero los discípulos no lo comprenden.  Cristo puso como ejemplo a un niño, que para la época no tenía ninguna importancia, para ilustrar su enseñanza de humildad y servicio.  Cantemos el Aleluya.

 

Oración Universal

A cada invocación, únanse a mí diciendo: “¡Ayúdanos, Señor, con tu gracia!

 

1.    Por el Papa, los obispos, sacerdotes (especialmente el/los de nuestra parroquia), diáconos, por todo el pueblo santo de Dios: para que anunciemos sin cesar la buena nueva del Evangelio. Roguemos al Señor.

 

2.    Por todas las naciones y sus gobernantes, por todos los que de distintos modos trabajan por la justicia, la libertad y la paz.  Roguemos al Señor.

 

3.    Por religiosos y religiosas: para que sean ante el mundo signo vivo de los bienes eternos. Roguemos al Señor.

 

4.    Por un aumento de vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal y por buenos matrimonios. Roguemos al Señor.

 

5.  Por los que celebramos esta Eucaristía: para que aumenten los lazos de unión y nos sintamos responsables los unos de la suerte de los otros. Roguemos al Señor.

 

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 379)

 

Bendito seas, Padre, porque Cristo Jesús, nuestro Señor,

inauguró un mundo nuevo con criterios desconocidos hasta él:

son primeros quienes se hacen los últimos sirviendo a los demás.

Desde entonces, los secretos y las riquezas de tu reino

son para los que tienen alma de pobre y corazón de sencillos.

 

Prepáranos a recibir tu palabra con ánimo de cumplirla

y cambia por completo nuestros corazones, mentalidad y conducta,

para que, radicalmente convertidos de la ambición de poder,

construyamos con Cristo un mundo nuevo de amor y fraternidad.

 

Haz, Señor, que, siguiendo el ejemplo de Jesús, sirvamos

en su nombre a todos nuestros hermanos con alegre sonrisa

 

Amén.

Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

Una meditación para cada día del mes http://www.scalando.com/meditaciones.htm

Moniciones para la Misa diaria: http://www.scalando.com/moniciones/diarias/index.htm  con la firme determinación de te guste este servicio, el cual entregamos en tu computadora

Homilía para hoy

Grupos de interés: http://www.egrupos.net/grupo/scalando; http://www.egrupos.net/grupo/moniciones; http://blogs.vivito.net/blog/scalando463

Publicado por monicion el 17 de Septiembre, 2006, 23:42 Comentarios 41 | Comentar | Referencias (0)

Moniciones para la fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes

María de las Mercedes, la Madre liberadora

Patrona de la República Dominicana

 24 de septiembre de 2006

 

Monición de entrada:

Celebramos hoy el día de Nuestra Señora de las Mercedes. La devoción a la Virgen María, con este título de “Las Mercedes”, nos llegó con los conquistadores españoles en el siglo XVI. Fue propagada entre nosotros por los padres mercedarios, cuya misión específica era liberar a los presos de la cárcel.  Ellos tenían devoción a la Virgen María con el título de Nuestra Señora de las Mercedes, la madre que libera a los presos de la cárcel y a los cautivos de la esclavitud.

La Imagen de la virgen de las Mercedes se presenta con unas cadenas rotas en las manos para significar que ella es la madre de la libertad, la que invita a todos sus hijos a vivir en el amor y en la solidaridad.

Que la participación en esta Eucaristía nos dé las fuerzas necesarias para liberarnos de tantas esclavitudes personales y sociales, y así vivir en la plena libertad de los hijos e hijas de Dios.

 

Primera lectura: Jeremías 30,8-11 (Yavé romperá el yugo de la opresión)

A la parte del pueblo de Israel, que estaba  en el exilio de Babilonia en el siglo sexto antes de Cristo, se le dirige un mensaje de esperanza. Yavé no seguirá permitiendo la esclavitud de su pueblo; romperá los lazos de la opresión y el pueblo entero vivirá de nuevo en su tierra de Palestina, porque el Dios de Israel  quiere para su gente una vida feliz en una tierra liberada.

 

Segunda lectura: Gálatas 5,1-2.13-25  (Para ser libres nos liberó Jesús)

La carta a los Gálatas es llamada, con razón, la carta de la libertad cristiana. En ella Pablo nos dice que fuimos liberados para vivir la plena libertad de los hijos de Dios; dicha libertad exige vivir según el Espíritu de Dios. Por ello Pablo contrapone los frutos del Espíritu a los frutos de la carne.  Se trata de dejarnos guiar por el Espíritu, teniendo como norma de vida el mandamiento del amor solidario que nos hace realmente libres.

 

Tercera lectura: Juan 2,1-11 (La solidaridad que provoca la fe) 

Uno de los frutos principales del Espíritu es la solidaridad y la preocupación por el otro. En el texto que escucharemos a continuación Jesús realiza su primer milagro público. Al convertir el agua en vino muestra su solidaridad con una pareja de recién casados. Esa acción solidaria fortalece la fe de los discípulos de Jesús.

 

Oración de los fieles

A cada petición contestaremos: “Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros”

 

  1. Por la Iglesia de Dios, para que, por medio de la Virgen María, ilumine y ayude a las personas que tienen dificultades en creer y buscan al Señor sinceramente.  Roguemos al Señor

  2. Por los que rigen los destinos de la patria, nuestros gobernantes, para que tengan una buena administración y el pueblo adquiera el bienestar y la paz.  Roguemos al Señor

  3. Por los enfermos y necesitados de atención física o espiritual,  para que confíen en todos nosotros que con la ayuda de la Virgen María les atenderemos.  Roguemos al Señor

  4. Por las vocaciones sacerdotales  y religiosas, para que en nuestro pueblo siempre se pueda predicar la Palabra y administrar los sacramentos con libertad.  Roguemos al Señor

  5. Por cada uno de nosotros, los aquí reunidos, para que nos llenemos de paz y alegría.  Roguemos al Señor

 

Exhortación Final

María, Virgen

Esperanza nuestra,

De Jesús la aurora,

Puerta del cielo.

Madre de los hombres,

estrella del mar,

llévanos a Jesús.

Danos sus promesas.

Eres Virgen Madre:

la llena de Dios,

la esclava del Señor.

Hoy venimos a pedirte:

que seas nuestra protectora

y que acompañes nuestro caminar

Hacia tu Hijo, Jesús,

y hermano nuestro.

Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

Una meditación para cada día del mes http://www.scalando.com/meditaciones.htm

Moniciones para la Misa diaria: http://www.scalando.com/moniciones/diarias/index.htm  con la firme determinación de te guste este servicio, el cual entregamos en tu computadora

Noticias de los Misioneros Redentoristas: www.scalando.com/noticias.htm

Homilía para el domingo: http://www.scalando.com/palabra/cicloB/ordinario/domingo25.htm

Publicado por monicion el 17 de Septiembre, 2006, 23:32 Comentarios 42 | Comentar | Referencias (0)

Moniciones para la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

 

 

 

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 “Dando la Vida por la abundante Redención” Moniciones para la Palabra día por día

 

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Exaltación de la Santa Cruz

14 de septiembre de 2006

Monición de entrada

 

La tradición litúrgica nos dice que la fiesta de hoy se celebraba en Jerusalén ya en siglo V.  Su título contiene la finalidad de la misma: enaltecer y glorificar la cruz de Cristo.  Porque la cruz, señal del discípulo de Jesús, no es signo de muerte sino de vida, como expresa el simbolismo de la serpiente de bronce en el desierto; no de infamia y derrota sino de salvación y victoria; no de masoquismo sino de amor.

 

Primera lectura: Núm 21, 4-9 (La serpiente de bronce en el desierto)

 

Escucharemos ahora un texto muy interesante, tomado del libro del los Números.  El relato surge de la conjugación de varios elementos.  El primero es el dato real de las serpientes venenosas existentes en la región; el segundo es la creencia en virtudes curativas de la serpiente; y el tercero es un ídolo en forma de serpiente de bronce que había en el templo de Jerusalén.  Escuchen.

 

Segunda lectura: Fil 2: 6-11 (Se despojó de su rango; por eso Dios lo exaltó)

La segunda lectura está tomada de la carta de san Pablo a los filipenses.  Pablo empieza exhortando a los dirigentes de la comunidad de Filipos, que ya empieza a sentir la tentación del mando.  Para ello les propone el ejemplo de Cristo, y compone un bellísimo himno que servirá siempre como eje de cualquier construcción cristológica y eclesiológica.  Presten atención.

 

Tercera lectura: Jn 3: 13-17 (Tiene que ser levantado el Hijo del hombre)

Como vimos en la primera lectura, la serpiente levantada por Moisés fue “señal de salud”.  Esta acción de Moisés y la “señal de salud” adquiere su sentido pleno y total en Cristo Jesús: mirando y creyendo en Jesús, en los distintos niveles que la elevación implica –crucifixión-resurrección-exaltación-, se alcanza la salud, la vida en plenitud, la vida eterna.  Escucharemos esta interesante narración, pero antes entonemos el aleluya.

 

                Oración de los fieles

A cada invocación respondan, por favor: “Escúchanos, Señor, y ten piedad

1.    Tú fuiste levantado sobre la tierra.  Atrae hacia ti los corazones de todos, Roguemos al Señor.

2.    Tú fuiste clavado en la cruz.  Da a todos los oprimidos la libertad la libertad verdadera, Roguemos al Señor.

3.    Tú derramaste tu sangre.  Cura las heridas de todos los que sufren, Roguemos al Señor.

4.    Tú entregaste tu espíritu.  Concede el don de tu Espíritu a todos los que creen en ti, Roguemos al Señor.

5.    Tú, traspasado por la lanza, eres manantial de agua viva.  Purifica y renueva a tu Iglesia, Roguemos al Señor.

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 633)

Te bendecimos, Señor, Padre santo, porque has puesto

La salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que,

Donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida.

Y el que venció en un árbol fuera en otro árbol vencido

Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor y Salvador.

 

Es la cruz de Cristo donde tú, Padre, demuestras tu amor

Hacia nosotros, pues no hay mayor prueba de amor que dar la vida.

Así la cruz es semilla de liberación en el corazón del que ama.

 

No permitas, Señor, que nos gloriemos si no es en la cruz

De nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo con sus pasiones

Está crucificado para nosotros, y nosotros para el mundo.

Amén.

Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Misioneros Redentoristas

 

Publicado por monicion el 13 de Septiembre, 2006, 23:37 Comentarios 40 | Comentar | Referencias (0)

Moniciones para el XXIV Domingo del Tiempo Ordinario B

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

Tiempo Ordinario

 

Vigésimo  Cuarto Domingo – Ciclo B

17 de septiembre de 2006

 

Monición de entrada

 

A nadie le gusta sufrir, sin embargo, todos sabemos que el sufrimiento forma parte de nuestra vida.  Por su conocimiento de la Biblia, especialmente de los cantos del siervo de Yavé, Jesús sabía que Él tendría que seguir el paso liberador de la cruz y de ese modo poner en práctica el plan del Padre.  Como cristianos que somos, podemos unir nuestros sufrimientos a los de Jesús para que sean salvíficos o dejar que ellos nos hagan sentir infelices y miserables.  Entreguemos nuestra vida generosamente al Señor, ahora que empezamos esta Liturgia.

 

Primera lectura: Is, 50, 5-10 (Ofrecí la espalada a los que me golpeaban)

 

Este texto es el tercero de los cuatro poemas del “siervo de Dios”.  Esta figura paciente trabaja sin desmayo en su misión dolorosa, expuesto a la injuria y la violencia de los hombres.  Pero Él está lleno de confianza en la ayuda de Dios como podríamos estar nosotros en medio de las dificultades de la vida.  Pongan atención.

Segunda lectura: San 2, 14-18 (La fe, si no tiene obras, está muerta)

 

Santiago, en la segunda lectura de hoy nos recuerda que la fe sin obras es una fe muerta.  El Apóstol nos invita a mantener una fe viva, activa, fecunda en frutos de amor y en obras de bien al prójimo.

 

Tercera lectura: Mc 8, 27-35 (Tú eres el Mesías.  El hijo del hombre ha de padecer)

 

El Evangelio de hoy nos presenta un momento culminante en la revelación del misterio de Cristo, según San Marcos.  En el texto distinguimos tres partes; en las dos primeras Jesús se dirige a los discípulos y en la tercera a ellos y a los demás seguidores.  Antes de escuchar este mensaje, cantemos el aleluya.

 

Oración Universal

A cada invocación, únanse a mí diciendo: “¡Ayúdanos, Señor, con tu gracia!

 

Por nosotros, los cristianos, por nuestra manera de vivir y de servir: para que demos esperanza a los que sufren.  Roguemos al Señor.

 

Por los que cargan con la cruz de la soledad, la opresión, la pobreza, el hambre, desempleo y la enfermedad: para que encuentren en nosotros con quien compartir su sufrimiento. Roguemos al Señor.

 

Por la juventud de nuestra parroquia: para que ponga su fe y confianza en Cristo y su Iglesia y no en los vicios. Roguemos al Señor.

 

Por nosotros y por nuestros familiares y conocidos: para que Dios abra nuestros corazones a su gracia, abandonemos el pecado y, practicando la justicia, caminemos hacia la vida de amor. Roguemos al Señor.

 

 

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 376)

 

Te glorificamos, Padre del cielo, porque Jesús

nos enseñó el camino que por la abnegación lleva a la vida

Con su ejemplo no mostró la ruta ardua  y gozosa del seguimiento,

siendo el primero en la opción total por el reino de Dios

y adelantándose a entregar la vida para ganarla definitivamente.

Caminando con él, Cristo nos quiere libres para amar a los demás.

 

Te pedimos, Señor, hacer nuestros sus criterios y actitudes

para liberarnos de nuestro yo mezquino, egoísta y estéril.

Por su palabra  y su ejemplo que nos precedió, entendemos que

la medida de nuestra libertad interior es la capacidad de amar,

olvidándonos de nosotros. ¡Ayúdanos, Señor, con tu gracia!

 

Amén.

Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Homilía para hoy

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Publicado por monicion el 11 de Septiembre, 2006, 7:27 Comentarios 35 | Comentar | Referencias (0)

En Camino: homilía para el XXIV Domingo Tiempo Ordinario B

EN CAMINO

Tempo Ordinario, ciclo “B”

 

17 de septiembre de 2006, Vigésimo Cuarto Domingo

 

Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR.                                 Fuente: www.scalando.com

 

1ra lect.: Is 50, 5-9a     Sal 115     2da lect.: St 2, 14-18      Evangelio  Mc 8, 27-35

 

FE Y OBRAS

Cesarea de Filipo era una localidad al pie del monte Hermón, sobre la fuente principal del río Jordán. Desde tiempos antiguos se le rendía culto al Dios Baal, hasta que con la conquista de los griegos se empezó a adorar al dios Pan. Por eso la ciudad adoptó el nombre de Paneas y a su santuario se le llamó Panión. El Rey seléucida Antíoco III (de cultura helénica) libró y ganó allí la batalla definitiva contra los Tolomeos y se quedó con el poder de Palestina, en el año 200 a.C.

 

Herodes el Grande, reyezuelo sujeto a los romanos, que tenían el poder desde el año 63 a.C., edificó allí un templo de mármol dedicado al emperador Augusto César, quien le había cedido la ciudad. Posteriormente el tetrarca Felipe, hijo de Herodes el Grande, durante el reinado del mismo emperador le dio el nombre de Cesarea de Filipo, para diferenciarla de Cesarea de Palestina, y para dejar su propio nombre.[1]

 

El evangelio que leemos hoy nos presenta a Jesús en camino hacia Cesarea de Filipo. Una tierra con mucha influencia no judía y con toda una historia de luchas por el poder.

En el nuevo testamento es muy simbólico presentar a Jesús en esa actitud con sus discípulos. El discípulo es el que hace camino con el maestro. Lo que Jesús ofrece más que una meta es un camino para ser más humano delante de Dios y de los hermanos.

 

Durante el recorrido era necesario clarificar algunas cosas. Tanto para los primeros discípulos de Jesús, como para las primeras comunidades cristianas, a quines está destinado el evangelio, y para nosotros, es importante saber qué se dice acerca de Jesús.

 

“¿Quién dice la gente que soy yo?”, les preguntó Jesús.  En aquella época unos decían que era Juan Bautista, otros que Elías u otro de los profetas. Hoy la gama de respuestas es aún más variada. Esa pregunta ha hecho correr ríos de tinta y hay tantas cristologías como para volverse loco, si uno no está con los pies sobre la tierra. Algunos creen en Jesús y lo aceptan como su salvador, otros lo ven como un personaje más de la historia, otros como un guerrero que quiso tomarse el poder y no pudo;  inclusive hay quienes lo ven como un impostor que se atribuyó el título de Mesías sin serlo y que murió como debía morir.

 

Hay muchos estudios de algunos especialistas a cerca de Jesús: psiquiatras que analizan su inteligencia, médicos que investigan las causas físicas de su muerte, psicólogos que estudian su capacidad de amar y paleontólogos que buscan la tumba para hallar sus huesos. Hay curanderos que dicen tener sus poderes, exorcistas que aseguran ser capaces de expulsar siete demonios en su nombre y pitonisas que adivinan la suerte invocando su espíritu. Hay sociólogos, filósofos y teólogos, “hippies”, caminantes y vagos,  artistas, metafísicos y espiritistas… Hasta curas que se atreven a decir que actúan “in persona Cristi capitis” (en la persona de Cristo Cabeza) y otros más atrevidos que se denominan sus vicarios, y, como tal, exigen que sus palabras deban ser tomadas como infalibles. Unos enfatizan en su carácter de protestante, otros en su autoridad o en su vida interior, en sus reflexiones existenciales, o en sus milagros… en fin… aquí hay de todo, como en botica.

 

Responder a esta pregunta es importante y necesario en nuestro proceso como discípulos. Pero hay otra que va más allá: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Los primeros discípulos quedaron callados ante esa pregunta. Era más fácil responder la primera, pues se trataba de un conocimiento intelectual a cerca de lo que decían. Pero para responder a esta se necesitaba todo un discernimiento interior. No solamente una respuesta desde la razón sino desde el corazón. Desde los sentimientos que les hacía brotar y las esperanzas que despertaba en ellos, desde la ligera certeza de sentirse acompañados por un hombre de Dios, hasta la convicción de estar caminando con el Mesías.

 

Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) nos dicen que fue Pedro quien se atrevió a responder: “Tú eres el Mesías”. El Mesías encerraba todas las esperanzas del pueblo de Israel desde los tiempos de David. Todos esperaban un guerrero que reconquistara la tierra y los liberara del dominio extranjero, en ese momento, de Roma.

 

Seguramente descubrir a Jesús como el Mesías les produjo mucha alegría. Según sus esperanzas, eso quería decir que ellos dejarían de ser personajes del montón y pasarían a ser parte de la cohorte del nuevo rey de Israel. Nada mal para unos pescadores acostumbrados a pasar por el mundo “sobreviviendo”, como dice la canción.

 

Pero como decían nuestros viejos: “no sabían lo que le iba pierna arriba”; pues compartir la vida con el Mesías más que un privilegio era un compromiso muy peligroso. Las circunstancias históricas eran muy adversas. Las estructuras sobre las que estaba montado el mundo se resistirían al cambio con todas sus fuerzas.[2] Jesús, que de tonto no tenía nada, sabía con toda seguridad que no iba a ser fácil enfrentar ese mundo estructuralmente injusto y perfectamente corrompido. Por eso fue muy claro con sus compañeros de camino: al Hijo del Hombre lo van a hacer sufrir, lo van a procesar, a condenar y  ejecutar. Sólo después vendría el triunfo.

 

Pero faltaba otra cosa muy importante: El “Mesianismo” de Jesús no era nada parecido a la concepción del Mesías guerrero, poderoso triunfador, que ellos esperaban. Su trabajo empezaría desde las bases y no desde las estructuras, desde el servicio y no desde el poder. Y sus aspiraciones no eran precisamente tomarse el poder, sino unir a más personas para vivir en comunidad y constituir una familia unida, no tanto por medio de lazos sanguíneos sino por el amor de Dios que nos hace hermanos con igualdad de deberes y derechos.

 

Y, como es natural, cuando se trata de brindar, de estar con el ganador y de ser ganadores, todo el mundo está ahí. Cuando un equipo de fútbol es campeón, le salen hinchas de los sitios más recónditos y lucen la camiseta con orgullo. Pero cuando se trata de enfrentar peligros, persecuciones e inseguridades, como dice el refrán: “ahí empieza Cristo a padecer”. Y cuando se estrellaron con que lo que buscaba el nazareno no se parecía en nada a sus anhelos de poder, fama y privilegios, la decepción fue aún más grande. Fue Pedro quien trató de disuadirlo para que no fuera así. ¡Claro que era un honor y una gran noticia estar con el Mesías! Pero con el que ellos tenían en la cabeza, no con el que tenían al frente.

 

Porque Pedro era como nosotros, que preferimos quedarnos tranquilos en nuestras cómodas poltronas rezando y alabando a Dios. Confesar  nuestra fe con palabras no nos cuesta mucho. Hoy en día no matan a nadie por decir que es cristiano. Pero cuando se trata no sólo de decir que somos cristianos sino de ser cristianos, de buscar la justicia de Dios en un mundo estructuralmente injusto, eso no es tarea fácil. Y cuando comprendemos que debemos enfrentar nuestro propio mundo interior, nuestra búsqueda de seguridades personales y hasta nuestro propio egoísmo. Cuando debemos reconocer que también dentro de nosotros habitan un tirano y un terrorista, un mico, un gato, un perro, un ratón y todo un zoológico peligroso, y que primero debemos cambiar nosotros antes de pretender cambiar el mundo, eso toca nuestras fibras internas y de pronto aparecen muchos reparos, como le pasó a Pedro.

 

Es necesario dar una respuesta y estar dispuestos a asumir el compromiso que lleva consigo dicha respuesta. Si Jesús para nosotros no es más que un personaje de la historia, con una vida chévere, no hay mucho que hacer. Pero si lo confesamos como Mesías, como el camino, la verdad, la vida, como el Pan vivo bajado del cielo, es necesario estar dispuestos a seguirlo hasta el final. A negarse así mismo y cargar la cruz.

De ninguna manera se trata de negarnos como individuos, ni de negar los valores humanos por los que tanto luchó la modernidad. Es negar la construcción de la vida a partir del egoísmo y del individualismo, puesto que eso nos llevaría irremediablemente a la frustración de nuestra naturaleza humana.

 

Tomar la cruz no es sinónimo de masoquismo, ni de resignación. No es huir del mundo externo o interno, para refugiarnos luego en una dimensión desconocida. Es enfrentar la vida tal como viene, aceptar nuestra realidad histórica con sus luces y sus sombras, y trabajar porque cada vez haya menos crucificadores y crucificados en este mundo. Seguirlo es caminar con Él hasta el final  y asumir la vida sin escapar de ella, sin drogas ni pretextos alienantes. Es entregarlo todo por el Reino de justicia, amor y verdad, aún sabiendo que se corre el mismo peligro que corrió Jesús.[3]

 

¿De qué sirve confesar a Jesús como Mesías si luego estamos poniendo reparos y nos quedamos sólo en los discursos? Aquí no se trata sólo de confesar la fe de palabra. Pues como dijo Santiago (2 lect): “la fe si no produce obras es una fe estéril”. Que Jesucristo nos dé la gracia de conocerlo, amarlo, seguirlo y confesarlo de palabra y obra hasta el final.

Preguntas y comentarios a Neptalí Díaz Villán CSsR. (neptalidv@yahoo.com)

 

Moniciones y oraciones de los fieles

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Moniciones para el domingo 24 de septiembre de 2006.

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[1] Cfr. Douglas, J. D., Nuevo Diccionario Biblico Certeza, (Barcelona, Buenos Aires, La Paz, Quito: Ediciones Certeza) 2000, c1982. Hoy se llama Banias y es de dominio musulmán. Allí hay un santuario dedicado al musulmán Khidr-al

 

[2] Como bien lo dibuja el libro del Apocalipsis (Cap.13) cuando dice que la bestia, aunque estaba herida, se resistía a morir y estaba dispuesta a destruirlo todo para no caer.

[3] De esta manera la cruz y el Dios de la cruz no son, como decía el viejo Nietzsche: “una maldición contra la vida ni una flecha indicadora para huir de la vida”, sino un fermento para buscar una humanidad digna, justa, libre y feliz.

Publicado por monicion el 11 de Septiembre, 2006, 7:24 Comentarios 34 | Comentar | Referencias (0)

Moniciones para la fiesta de la Exaltación de de la Santa Cruz

Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

 

Exaltación de la Santa Cruz

14 de septiembre de 2006

Monición de entrada

 

La tradición litúrgica nos dice que la fiesta de hoy se celebraba en Jerusalén ya en siglo V.  Su título contiene la finalidad de la misma: enaltecer y glorificar la cruz de Cristo.  Porque la cruz, señal del discípulo de Jesús, no es signo de muerte sino de vida, como expresa el simbolismo de la serpiente de bronce en el desierto; no de infamia y derrota sino de salvación y victoria; no de masoquismo sino de amor.

 

Primera lectura: Núm 21, 4-9 (La serpiente de bronce en el desierto)

 

Escucharemos ahora un texto muy interesante, tomado del libro del los Números.  El relato surge de la conjugación de varios elementos.  El primero es el dato real de las serpientes venenosas existentes en la región; el segundo es la creencia en virtudes curativas de la serpiente; y el tercero es un ídolo en forma de serpiente de bronce que había en el templo de Jerusalén.  Escuchen.

 

Segunda lectura: Fil 2: 6-11 (Se despojó de su rango; por eso Dios lo exaltó)

La segunda lectura está tomada de la carta de san Pablo a los filipenses.  Pablo empieza exhortando a los dirigentes de la comunidad de Filipos, que ya empieza a sentir la tentación del mando.  Para ello les propone el ejemplo de Cristo, y compone un bellísimo himno que servirá siempre como eje de cualquier construcción cristológica y eclesiológica.  Presten atención.

 

Tercera lectura: Jn 3: 13-17 (Tiene que ser levantado el Hijo del hombre)

Como vimos en la primera lectura, la serpiente levantada por Moisés fue “señal de salud”.  Esta acción de Moisés y la “señal de salud” adquiere su sentido pleno y total en Cristo Jesús: mirando y creyendo en Jesús, en los distintos niveles que la elevación implica –crucifixión-resurrección-exaltación-, se alcanza la salud, la vida en plenitud, la vida eterna.  Escucharemos esta interesante narración, pero antes entonemos el aleluya.

 

          Oración de los fieles

A cada invocación respondan, por favor: “Escúchanos, Señor, y ten piedad

1.   Tú fuiste levantado sobre la tierra.  Atrae hacia ti los corazones de todos, Roguemos al Señor.

2.   Tú fuiste clavado en la cruz.  Da a todos los oprimidos la libertad la libertad verdadera, Roguemos al Señor.

3.   Tú derramaste tu sangre.  Cura las heridas de todos los que sufren, Roguemos al Señor.

4.   Tú entregaste tu espíritu.  Concede el don de tu Espíritu a todos los que creen en ti, Roguemos al Señor.

5.   Tú, traspasado por la lanza, eres manantial de agua viva.  Purifica y renueva a tu Iglesia, Roguemos al Señor.

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 633)

Te bendecimos, Señor, Padre santo, porque has puesto

La salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que,

Donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida.

Y el que venció en un árbol fuera en otro árbol vencido

Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor y Salvador.

 

Es la cruz de Cristo donde tú, Padre, demuestras tu amor

Hacia nosotros, pues no hay mayor prueba de amor que dar la vida.

Así la cruz es semilla de liberación en el corazón del que ama.

 

No permitas, Señor, que nos gloriemos si no es en la cruz

De nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo con sus pasiones

Está crucificado para nosotros, y nosotros para el mundo.

Amén.

 

Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

Una meditación para cada día del mes http://www.scalando.com/meditaciones.htm

Moniciones para la Misa diaria: http://www.scalando.com/moniciones/diarias/index.htm  con la firme determinación de te guste este servicio, el cual entregamos en tu computadora

Grupos de interés: http://www.egrupos.net/grupo/scalando; http://www.egrupos.net/grupo/moniciones; http://blogs.vivito.net/blog/scalando463

Publicado por monicion el 11 de Septiembre, 2006, 0:04 Comentarios 41 | Comentar | Referencias (0)

Homilía para el XXIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

 

En Camino: homilía para la Misa

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR.                                 Fuente: www.scalando.com

Guayama, Puerto Rico
10 de Septiembre de 2006
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Las lecturas del XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

LA GRANDEZA DE UN PUEBLO

Un misionero que trabaja en África me dijo: “Siento admiración cuando voy por las grandes ciudades de Estados Unidos y Europa, y veo la majestuosidad de sus construcciones, sus vías, sus museos, todo su desarrollo. Pero me repugna a su vez saber que gran parte de ese “desarrollo” lo tienen gracias al saqueo de sus antiguas o nuevas colonias en África y Latinoamérica”. Elevaron muy alto su nivel de vida y no están dispuestos a ceder un milímetro, aún a costa de la explotación y la miseria para muchos pueblos.

Causan admiración las pirámides de Egipto. ¿Pero cuántos miles de esclavos fueron obligados a entregar sus vidas para hacer posible la ostentación funeraria de los faraones y su deseo de inmortalidad? El faraón Keops (2638-2613 a.C.), segundo de la IV Dinastía, tuvo como proyecto central de su gobierno la construcción de la Gran Pirámide de Gizeh. Un monumento colosal que hoy es conocido como una de las siete maravillas del mundo antiguo. Desde su barco funerario solar de 38 metros, esperaba transportar su alma a través de los cielos, siguiendo al dios Sol. ¿Qué bien le hizo a la gente semejante sacrificio humano?

Al pueblo de Israel también le causaba admiración la grandeza de los pueblos vecinos. Envidiaba sus ejércitos, sus grandes construcciones, su comercio y todo su poder. Sus dioses por supuesto, pues pensaba que ellos les daban el poder y la fuerza a los humanos para tener ese desarrollo.

Muchos en Israel se dejaron tentar, abandonaron el proyecto tribal y la ley en general, que los identificaban como pueblo, y asumieron la identidad de sus vecinos. Quisieron tener un rey como todos los pueblos grandes, quisieron tener varios dioses, como todos los pueblos grandes. Quitaron del centro de su vida religiosa al Dios de Israel y lo reemplazaron por otros dioses. Ésto fue lo que se llamó la idolatría. Pero se fueron por leche y terminaron ordeñados. Pues lo que hacía posible todo ese esplendor era el sistema esclavista que explotaba una gran masa humana tratada como una mercancía más.

El libro del Deuteronomio propone otro tipo de grandeza. Claro que el Dios de Israel quería que su pueblo fuera grande, pero no tanto por las fastuosas construcciones que solo servían para llenar los vacíos existenciales de los reyes. La grandeza del pueblo de Dios deberían ser sus mandamientos y decretos justos, que hacían posible una vida digna para todas las personas.[1] Así mismo, la gloria de Dios se da de manera especial cuando se genera vida digna para los seres humanos, no tanto “construyéndole” un gran templo para saciar los delirios de grandeza de los sumos sacerdotes y el vano orgullo de todos los fieles.[2] ¿Cómo ser realmente grandes en sentido humanitario? ¿Cómo queremos rendirle hoy culto al Señor?

PUREZA

Sucedió con el pueblo de Israel. Sucedió con las comunidades cristianas. Sucede con los clubes, con el matrimonio, con nuestra iglesia, con las instituciones en general y con todo lo humano. Al principio de una obra hay entusiasmo, deseos por entregarlo todo para sacarlo adelante. Una vez consolidada la obra o incluso antes, vienen la rutina,  el funcionalismo y el ritualismo. Los ánimos caen.

El empuje de las tribus lideradas por los jueces, poco a poco fue cayendo en la rutina, en el cansancio institucional. Maduraron en algunas cosas pero a su vez se fueron llenando tradicionalismos, auspiciados por algunos dirigentes que se servían de la religión para su propio beneficio, robándole el verdadero sentido. Las primeras comunidades cristianas vivieron su propio proceso. Después de un tiempo de dedicación y fervor por la misión, los ánimos comenzaron a ceder y las comunidades cayeron en relaciones puramente funcionales. De este modo se perdía la fraternidad que le daba sentido a la unidad y se hundían en una sofocante rutina que le quitaba valor a su ser y quehacer.

El evangelio responde a esa realidad. A Jesús lo atacaron porque sus discípulos no guardaban unas tradiciones inservibles que escondían detrás des sí la hipocresía de los que las practicaban. Mientras favorecían una supuesta pureza ritual, olvidaban lo esencial: el bienestar de las personas. Jesús aprovechó para hacer una crítica a ese tipo de religiosidad vacía, ritualista y mercantil que les hacía olvidar lo importante y enfatizar en las banalidades.

Para Jesús el culto verdadero llevaba consigo una vida honesta delante de Dios y de los hermanos. Para él la suciedad no consistía en dejar de hacer unos ritos vacíos, sino en olvidarse de los necesitados y en aprovecharse de los demás tratándolos como cosas que se utilizan y se botan, y no como seres humanos con igualdad de derechos. Y la suciedad más descarada era la que se ocultaba detrás de la pureza legal y de una santidad socarrona.

Pero no critiquemos tanto a los fariseos de esa época, porque el fariseismo no es historia. Lo reencauchamos cada vez que domesticamos el evangelio y lo reducimos a una serie cánones que se deben cumplir si no queremos pecar. Caemos en lo mismo cuando criticamos y hasta enjuiciamos a los demás, por no cumplir las normas que a lo largo de la tradición cristiana hemos inventado, olvidándonos de lo esencial. Algunas normas y tradiciones tuvieron validez en su época, pero el ser humano no es estático, es dinámico y cambia con el mundo en continua evolución.

Vale la pena evaluar hoy nuestra vivencia religiosa, y revisar nuestra normatividad a la luz del evangelio y de los signos de los tiempos. La música, los ritos, la disciplina, la institución, las estructuras en general, son un medio necesario para vivir una fe auténtica que nos haga crecer como personas. Pero si las absolutizamos y defendemos enfermizamente como algo revelado, estático e incambiable por los siglos de los siglos, las convertimos no solo en un estorbo sino en un veneno mortal que mata el espíritu[3] y convierte el hermoso camino de Jesús en una pieza de museo.

[1] “… ¡Qué pueblo tan sabio y tan inteligente es esa gran nación! Pues ¿qué nación, por grande que sea, tiene un dios tan cerca como lo está el Señor nuestro Dios, siempre que lo invocamos? ¿Y cuál de las grandes naciones tiene unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que les promulgo hoy?” (1ra lect.)

[2] “Así dice el Señor: El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies: ¿Qué templo podrán construirme?: ¿O qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío – oráculo del Señor -. En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.” (Is 66,1-2)

[3] La carta de Santiago (2da lect.)nos cuestionaba sobre lo mismo. Debemos estar en guardia para no convertir la fe en una religión ritualista y de prácticas piadosas sin un sentido humano.

 Moniciones y oraciones de los fieles

Preguntas y comentarios a Neptalí Díaz Villán CSsR. :neptalidv@yahoo.com
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Publicado por monicion el 4 de Septiembre, 2006, 12:53 Comentarios 39 | Comentar | Referencias (0)

Moniciones para el XXIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Moniciones para la Misa

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Autor: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.    Fuente: www.scalando.com

Guayama, Puerto Rico
10 de septiembre de 2006
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Las lecturas del XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Monición de entrada

Hermanos y hermanas en Cristo.  Las lecturas de hoy delatan la predilección de Dios por los pobres, los marginados y enfermos.  En la sanación del sordo mudo por parte de Jesús comienza a realizarse la esperanza mesiánica de los pobres tal como lo anunciaba ocho siglos antes de Cristo el primer Isaías.  Se verifica así la observación del Apóstol Santiago: Dios ha elegido a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que le aman.  Los invito para que se pongan de pie para recibir al celebrante y los ministros de  esta Eucaristía.

Primera lectura: Is, 35, 4-7ª (Los ciegos verán, los sordos oirán y el mudo hablará)

La primera lectura que escucharemos está tomada del Profeta Isaías, quien viene a hablarnos sobre los tiempos después del exilio.  Dios ayudará a los más desamparados, ofreciéndoles su curación y su compasión.  Escuchemos bien, hermanos y hermanas, porque en el Evangelio Cristo está realizando esas mismas obras de misericordia.

Segunda lectura: Sant 2, 1-5 (Dios elige a los pobres como herederos de su reino)

Santiago, en esta lectura insiste en que el cristiano no debe hacer acepción de personas:  los pobres, los desvalidos, los desamparados, los débiles son los preferidos de Dios.  La asamblea litúrgica debe ser la expresión del espíritu de pobreza, de respeto a  todos y de fe.

Tercera lectura: Mc 7, 31-37 (Curación de un sordomudo por Jesús)

El evangelista Marcos trata de la curación del sordo mudo.  Jesús cumplía las profecías mesiánicas a la vez que abría los oídos, los ojos y los corazones de sus discípulos por medio de estas obras de Dios.  Antes de la proclamación del Evangelio, pónganse de pie para entonar con gozo el Aleluya.

Oración Universal

A cada invocación, únanse a mí diciendo: “Señor, acrecienta nuestro amor”

  1. Por la Iglesia Universal y por nuestra parroquia: para que sea un pueblo santo.  Roguemos al Señor.
  1. Por el Papa N., por todos los obispos que predican y viven de la Palabra de Dios: para que el Señor les conceda larga vida y santidad. Roguemos al Señor.
  1. Por los que viven cristianamente en la virginidad y en el matrimonio, por los padres y madres de familia y por sus hijos: para que el Señor les fortalezca en su caminar.  Roguemos al Señor.
  1. Por los que están de viaje en este día: para que lleguen bien a su destino. Roguemos al Señor.
  1. Por nosotros los aquí presentes en esta Eucaristía para que nuestra oración sea escuchada por Dios nuestro Padre, recibamos la abundancia de su misericordia y  de su amor y seamos dignos del reino eterno. Roguemos al Señor.

Exhortación final

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 373)

Bendecimos tu nombre, Señor, Padre nuestro,

porque colmas la esperanza de los pobres, tus preferidos.

Cristo Jesús, tu Hijo, es quien abre nuestros oídos a tu palabra

y suelta nuestra lengua de mudos que no cuentan tu gloria

ni hablan a sus hermanos de ti, de tu amor y tus maravillas.

Tócanos, Señor, con el soplo creador de tu Espíritu Santo

para que, renovados conscientemente en la fe de nuestro bautismo,

nazcamos de nuevo a una vida propia de hombres  y mujeres libres

cuyos labios y conducta confiesan a Cristo como Señor resucitado.

Pronuncia, Señor, tu nombre de Padre sobre nosotros

y conviértenos en hijos tuyos y hermanos de los pobres.

mor.

Amén

Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez, C.Ss.R.
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Homilía para el domingo

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Publicado por monicion el 4 de Septiembre, 2006, 12:47 Comentarios 61 | Comentar | Referencias (0)

 

 

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